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Te espero entre las hondas barrancas de la Montaña

Por: Isael Rosales Sierra

Como si la tierra te hubiera tragado o te hubieras sumergido en el túnel del tiempo, es la hora que no entiendo por qué me dejaste sola sentada en esta roca mirando la eterna luz del día cansada de no encontrarte. Aquí te espero imaginando que vuelves en una noche estrellada, pero recuerdo que cuando te llevaron esos demonios la luz se había apagado.

Desde el 2016 no puedo escuchar tu canto con ese piano que aún lo guardo para cuando regreses, tampoco puedo acariciar tu rostro. En las noches me desvelo pensando en tu futuro, pero no encuentro más que la tristeza y angustia de no tenerte a mi lado. Así me la paso como cual rosa desojándose al viento, me marchito, me seco.

¿Dónde estás? Sólo sé que irías por una recarga para tu celular. Regresarías luego, pero han pasado cuatro años y no se de tu paradero. Por eso de cuando en cuando mi pensamiento se pierde en las enredaderas del poder local, une los hilos de las complicidades entre los gobiernos y los demonios que detentan los negocios más sangrientos. Mi mirada escarba la verdad entre las hojarascas, barrancas y cerros. 

Tu ausencia se impregna en cada rincón de este hogar, pero el recuerdo se atora en los recovecos del pensamiento, se niega al olvido. De mis entrañas te arrancaron a los 16 años, hoy tendrías 20 corazones.

Serías un joven universitario, una promesa o un mito entre las lecturas de la misteriosa existencia. Ahora que asesinaron a tu padre, por buscarte, serías el sustento de la familia o con tu canto nos complacerías para poder seguir, el protector de tus hermanas y consejero de los más pequeños. Aunque no desearía que tomaras tan semejante tarea si tu poema está en las teclas de tu piano.

Ya no miro el horizonte para buscarte entre las piedras y en los ríos que serpentean las montañas, ahí estarás esperando mis pasos, hijo mío, sólo espera que el susurro del viento me lleve a ti o que el silencio despierte con el bullicio necesario para encontrarte.

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