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Con los pies en territorio… ¿Y la mente en el Ayuntamiento?


Por: Rosalba Ramírez 

Reza el dicho popular: “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”. No sería extraño que más de un legislador o legisladora en distintas regiones del país haya tomado nota del mensaje reciente de la Presidenta de la República. 

Su exhorto a trabajar cerca de la gente, en el territorio, no fue un gesto menor. Lo dijo con autoridad política y moral, predicando con el ejemplo.

MORENA, hay que decirlo con claridad, empieza a enfrentar los efectos de su propio éxito. El crecimiento del movimiento ha sido tan contundente que, en amplias zonas del país, puede ganar elecciones con candidaturas de muy distinto perfil. 

Ese escenario, inevitablemente, genera riesgos: que algunos cuadros se confíen, se relajen o intenten vivir de inercias ajenas. Por eso, más allá de videos virales o anécdotas, lo ocurrido durante la gira presidencial debe leerse como un llamado serio a la acción. 

Un recordatorio poco amable para poner las manos a la obra y los pies en las colonias, ahí donde se resuelven las necesidades más inmediatas del pueblo.



Hace algún tiempo escuché a la joven diputada Citlali Calixto Jiménez decir que, para no perder piso, había que tener los pies permanentemente en el territorio. La frase, sencilla en apariencia, encierra una madurez política poco común. Porque no se trata solo de recorrer colonias o tomarse la foto, sino de entender que el territorio no es escenografía, sino método de trabajo y fuente de legitimidad.

Si uno revisa con cuidado los programas territoriales que impulsa la diputada Calixto, resulta evidente que no son acciones aisladas. Funcionan como un complemento natural de su labor legislativa. 

No se limita a informar sobre lo que hace en el Congreso; escucha, toma nota y asume compromisos. Sus apoyos en especie (material de construcción, tinacos, luminarias, techumbres y otros) atienden necesidades reales y, sobre todo, construyen comunidad y legitimidad. 

Más aún, varios de estos programas bien podrían escalarse a políticas públicas municipales. Ahí está una de las claves del momento político que atraviesa la diputada. Porque una cosa es hacer gestión desde el Legislativo y otra, muy distinta, es mostrar, con hechos, que se tiene una idea clara de cómo podría operar un Ayuntamiento con lógica social, territorial y de resultados.

En Acapulco, donde la memoria política es larga y la paciencia ciudadana corta, ese tipo de señales no pasa desapercibidas. 

Por eso, cuando una legisladora joven combina el trabajo institucional con una presencia territorial sostenida, vale la pena subrayarlo. No es casual que su nombre empiece a mencionarse como candidata natural a la Presidencia Municipal. No por estridencia ni por campaña adelantada, sino por acumulación de trabajo. En política local, esa sigue siendo una moneda que cotiza alto. Habrá que ver qué tanto se valora desde la dirigencia. 


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