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Juega como niña


 

Por: Viridiana Guevara Hernández  / Maestra Educadora

 

Durante mucho tiempo, la frase “juegas como niña” se utilizó como un insulto. Era una manera de decir que alguien era débil, lento o incapaz. Crecimos escuchándola en patios de escuela, en canchas y hasta en conversaciones cotidianas. Sin embargo, con el paso del tiempo, muchas mujeres hemos aprendido a mirar esa frase desde otro lugar y resignificarla.

Hoy, cuando escucho “juega como niña”, pienso en fuerza, en perseverancia y en valentía. Pienso en niñas que corren sin miedo, que se levantan cuando caen y que vuelven a intentar una y otra vez.

Desde mi experiencia como docente de educación física, he visto algo que me conmueve profundamente: las niñas muchas veces llegan a la clase con una mezcla de entusiasmo y duda. Algunas levantan la mano con timidez, otras se quedan un poco atrás observando, como esperando saber si ese espacio también es para ellas. Y ahí es donde el papel del docente se vuelve fundamental.

En cada clase intento recordarles algo simple pero poderoso: su voz también importa, su cuerpo también tiene derecho a moverse, competir, ganar, perder y volver a intentar.

A veces basta con decirles:

“Inténtalo”.

“Tu idea también cuenta”.

“Tu esfuerzo vale”.

 

He visto cómo una niña que al principio no quería participar termina liderando un equipo, o cómo otra que se sentía insegura logra anotar un gol y descubre una confianza que no sabía que tenía. Es en esos pequeños momentos donde entendemos que el deporte no solo forma cuerpos fuertes, sino también mujeres seguras de sí mismas.

Los datos también muestran que algo está cambiando. En los últimos años la participación femenina en el deporte ha crecido considerablemente. En algunos países, cerca del 59.5 % de las mujeres practican deporte de manera habitual, reduciendo cada vez más la brecha con los hombres. 

En el ámbito profesional también hay avances: las mujeres representan más del 40 % de los empleos vinculados al deporte, incluyendo profesoras, entrenadoras y gestoras deportivas.  

Sin embargo, todavía existen retos importantes. En el alto rendimiento, por ejemplo, solo alrededor del 13 % de los entrenadores en eventos olímpicos son mujeres, lo que muestra que aún hay caminos por abrir.  

Por eso, el trabajo empieza desde la escuela.

Empoderar a las niñas no significa decirles que deben ser mejores que los niños. Significa darles las mismas oportunidades de descubrir de qué son capaces. Significa crear espacios seguros donde puedan correr, competir, equivocarse y volver a intentar sin sentirse juzgadas.

Como docentes, tenemos un privilegio enorme: podemos ser la voz que impulse o la que limite.

Cada vez que una niña escucha:

“Eso no es para ti”,

perdemos una deportista, una líder o una mujer segura de sí misma.

Pero cada vez que escucha:

“Inténtalo, yo confío en ti”,

algo cambia.

 

Quizá por eso hoy, cuando escucho la frase “juega como niña”, ya no la escucho como un insulto.

La escucho como una invitación.

A jugar con pasión.

A levantarse después de caer.

A ocupar espacios que antes parecían prohibidos.

 

Porque las niñas ya no están esperando permiso para jugar.

Las niñas están cambiando el juego. 

 

 

 

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