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Por mí, por ellas, por las de mañana


 


Por: Viridiana Guevara / Licenciada en Educación Física

8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Recuerdo como era antes, cómo papá nos llevaba a comer y nos compraba algo mientras todos felicitaban al ser “más hermoso de este mundo”. Hoy esos recuerdos quedaron atrás porque por fin, hemos entendido que el 8 de marzo no es un festejo, y que es equivalente a felicitar a un estudiante un 2 de octubre.

Conmemoramos a aquellas mujeres que nos dieron libertad, que lucharon por los derechos que antes solo pertenecían a los hombres. Hoy quiero agradecer a todas aquellas que lucharon por mis derechos mucho antes de que yo naciera. Porque gracias a ellas puedo vestir como ahora y no sólo con faldas, vestidos largos y tacones. Hoy gracias a ellas puedo votar y ser votada, puedo practicar cualquier deporte que se me plazca, gracias a su lucha puedo expresarme libremente, denunciar  a mis agresores, decidir si ser madre o no y con quién compartir mi vida, trabajar en condiciones sanitariamente buenas, gracias a ellas puedo estudiar la carrera universitaria que yo quería. Y a pesar de ser derechos, muchos a lo largo de mi vida no siempre fueron respetados.

En mi caso empecé a cuestionar los supuestos de género a los seis años, cuando entré a la escuela de fútbol los niños me excluían y molestaban por ser niña. Después, a los 8 años, ya que no comprendía por qué me llamaban “mandona” cuando quería dirigir los homenajes o bailables que preparábamos para nuestros padres, pero a los chicos no se les decía lo mismo. También a los 6 años. Y a los 18, cuando mis amigos varones eran incapaces de expresar sus sentimientos por el simple hecho de ser varones.

Para algunos, el machismo “ya no existe” pero yo me sigo cuestionando estas brechas de género cuando se me pregunta cómo es que conseguí el puesto de jefa con connotación de insinuaciones nada amigables, cuando he recibido rechazos laborales porque como docente de Educación Física es más “común” que un hombre tenga control de esa clase, cuando juego fútbol y me dicen que “juego como hombre”, o que cierto tipo de gustos me hacen perder el atractivo por ser menos “femenina”.

A pesar de ello puedo decir que mi vida ha sido muy privilegiada porque mis padres no me quisieron menos por haber nacido mujer; mis escuelas no me impusieron límites por el hecho de ser niña, mucho menos en mi carrera donde la matrícula es 90 por ciento de hombres. Mis mentores no asumieron que yo llegaría menos lejos porque algún día podría tener una hija o un hijo, y mis jefes actuales confían en mi capacidad. Esas personas fueron las embajadoras y los embajadores de la igualdad de género que me permitieron ser quien soy hoy. Aunque no lo sepan ni lo hayan hecho voluntariamente, son quienes están cambiando el mundo hoy en día. Y necesitamos más personas como ellas y ellos.

Hablo por mis alumnas, por las maestras, por mis compañeras, por mis amigas, por mis familiares, por las que ya no están, por las que sí estamos y tenemos historias guardadas que nos quiebran la voz. Podría seguir hablando de las mujeres de antes, pero mejor hablaré de ustedes: Que son ejemplo, se levantan de madrugada para conseguir un sueño, que día a día se plantean nuevas metas, que salen y luchan por ser feliz y comparten sus sonrisas a quienes las rodean, porque para ustedes no existen límites ni brechas de género para hacer lo que aman, porque no se hacen pequeñas ante la adversidad y enfrentan el día y el ahora con valentía.

Pero también hablo por ustedes; mis alumnos, profesores, compañeros, amigos: Sé por experiencia propia que existen los hombres buenos, sé que también los matan, los agreden, pero no digas que “somos más los buenos” porque realmente somos más los que no hacemos nada. El estadista inglés Edmund Burke afirmó: “Todo lo que se necesita para que triunfen las fuerzas del mal es que suficientes personas buenas no hagan nada”.

Hoy en día ya no me da miedo pronunciarme como feminista, porque un hombre se aleje, porque me critiquen, por no querer aguantar comentarios pasivo-agresivos o miedo a que mis méritos no sean suficientes para decir “esto sí es feminismo”. Porque no, no somos las mujeres contra los hombres, y mucho menos el enojo u odio hacia ellos; en contra de la impunidad, el machismo y la falta de empatía de una sociedad que le molesta más ver la iconoclasia que las estadísticas de mujeres desaparecidas, abusadas o muertas tan solo en México.

Por eso marcho, brinco, protesto, porque si un día faltas tú, lo quemo todo, si un día falto yo, quémenlo todo. Porque nos quitaron tanto, que nos quitaron el miedo.

En mis momentos de dudas, me he dicho con firmeza: Si no lo hago yo, ¿quién?; y si no es ahora, ¿cuándo? Si ustedes sienten dudas similares cuando se les presentan oportunidades, espero que estas palabras puedan resultarles útiles y que se hagan estas mismas preguntas: Si no soy yo ¿Quién?, si no es ahora ¿Cuándo?

Inspirado en algunos extractos del discurso “He for She” de Emma Watson en la ONU con propias vivencias.

 

1 comentario:

  1. Que alegría y orgullo es ver esto publicado no te detengas no pares que te puedes comer el mundo tu solita sin ayuda de nadie. Inspiras a mucha gente que necesita de ti sigue así. Te quiero

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